Beijing no dice una sola palabra sobre el boicot
China aplicó en la polémica de la soja la misma estrategia que suele utilizar en sus conflictos internacionales: silencio absoluto a nivel público y maratón de órdenes y negociaciones de puertas hacia adentro.
El choque diplomático con Argentina no ha provocado ninguna declaración oficial, ni siquiera una breve nota en la agencia de noticias Xinhua, tradicional vocero del gobierno. Para Beijing, sencillamente, es como si nada hubiera ocurrido.
La directriz del silencio parece clara y por eso el Ministerio de Comercio, responsable de la supuesta orden de cancelar la importación de soja argentina, se negó ayer a ofrecer declaraciones a este diario. Tampoco la diplomacia argentina en China estuvo accesible para informar sobre la marcha de las conversaciones. Todo lo que se sabe es que la embajada argentina recibió este lunes una comunicación oficial en la que se le informaba de que, repentinamente, la soja nacional no superaba los estándares de calidad del gigante asiático.
Según la agencia Bloomberg, el vicepresidente de la Cámara de Comercio de China para Importaciones y Exportaciones, Bian Zhenhu, es el principal responsable del boicot a la soja argentina. Un boicot que, por supuesto, no es tal para Beijing. El Ministerio de Comercio asegura que la suspensión de las importaciones responde al legítimo objetivo de respaldar a los productores de soja locales. Sin embargo, extraoficialmente nadie duda de que se trata de una dura represalia a las medidas antidumping contra los productos chinos aplicadas por el Gobierno de Cristina Kirchner.
El origen de la furia de Beijing es que Argentina está aplicando "injustamente" dichas medidas antidumping a los productos textiles e industriales chinos, y lo peor es que se trata de "una tendencia al alza".
Los mercados asiáticos de bienes están muy agitados desde que estalló la noticia. Los países del sudeste asiático, en especial Malasia, ven en esta crisis una oportunidad para disparar las ventas a China de su abundante aceite de palma. Sin embargo, los analistas niegan que se vayan a experimentar grandes sobresaltos.
"En realidad, la reducción en la importación de soja puede incrementar el precio a nivel local y animar a los procesadores a importar más semillas", asegura Tommy Xiao, analista del Shanghai JC Intelligence Co., para quien la suspensión responde indudablemente a un acto de represalia.
Sólo hay que ver las estadísticas para entender que se trata de una decisión política. En los dos primeros meses de este año, las importaciones chinas de aceite de soja subieron un 65% hasta alcanzar las 90.000 toneladas.
A nivel económico, la exportación de soja alcanzó en 2008 los 14.400 millones de dólares. China es el destinatario del 77% de las exportaciones de soja argentina.
Fuente:clarin.com
China aplicó en la polémica de la soja la misma estrategia que suele utilizar en sus conflictos internacionales: silencio absoluto a nivel público y maratón de órdenes y negociaciones de puertas hacia adentro.
El choque diplomático con Argentina no ha provocado ninguna declaración oficial, ni siquiera una breve nota en la agencia de noticias Xinhua, tradicional vocero del gobierno. Para Beijing, sencillamente, es como si nada hubiera ocurrido.
La directriz del silencio parece clara y por eso el Ministerio de Comercio, responsable de la supuesta orden de cancelar la importación de soja argentina, se negó ayer a ofrecer declaraciones a este diario. Tampoco la diplomacia argentina en China estuvo accesible para informar sobre la marcha de las conversaciones. Todo lo que se sabe es que la embajada argentina recibió este lunes una comunicación oficial en la que se le informaba de que, repentinamente, la soja nacional no superaba los estándares de calidad del gigante asiático.
Según la agencia Bloomberg, el vicepresidente de la Cámara de Comercio de China para Importaciones y Exportaciones, Bian Zhenhu, es el principal responsable del boicot a la soja argentina. Un boicot que, por supuesto, no es tal para Beijing. El Ministerio de Comercio asegura que la suspensión de las importaciones responde al legítimo objetivo de respaldar a los productores de soja locales. Sin embargo, extraoficialmente nadie duda de que se trata de una dura represalia a las medidas antidumping contra los productos chinos aplicadas por el Gobierno de Cristina Kirchner.
El origen de la furia de Beijing es que Argentina está aplicando "injustamente" dichas medidas antidumping a los productos textiles e industriales chinos, y lo peor es que se trata de "una tendencia al alza".
Los mercados asiáticos de bienes están muy agitados desde que estalló la noticia. Los países del sudeste asiático, en especial Malasia, ven en esta crisis una oportunidad para disparar las ventas a China de su abundante aceite de palma. Sin embargo, los analistas niegan que se vayan a experimentar grandes sobresaltos.
"En realidad, la reducción en la importación de soja puede incrementar el precio a nivel local y animar a los procesadores a importar más semillas", asegura Tommy Xiao, analista del Shanghai JC Intelligence Co., para quien la suspensión responde indudablemente a un acto de represalia.
Sólo hay que ver las estadísticas para entender que se trata de una decisión política. En los dos primeros meses de este año, las importaciones chinas de aceite de soja subieron un 65% hasta alcanzar las 90.000 toneladas.
A nivel económico, la exportación de soja alcanzó en 2008 los 14.400 millones de dólares. China es el destinatario del 77% de las exportaciones de soja argentina.
Fuente:clarin.com
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