
Una historia italiana, que comienza en La Emilia-Romaña de los años ’60 con la sociedad Selene, dedicada a la producción de ropa para niños, y que quizá creció demasiado, demasiado deprisa y al son de préstamos, hasta comprender cuatro sociedades cotizadas (aparte de MBFG y de Antichi pellettieri, estaban Greenvision y Bioera, dedicadas a los recursos medioambientales y controladas por la familia Burani a través del Green holding) además de numerosas marcas, desde ropa a peletería y de joyas a calzado. El número de marcas adquiridas y de contratos de licencia realizados a partir del comienzo de los años ’90 fue impresionante (fue en 1977 cuando Mariella dio nombre a la marca más conocida del grupo).
Al final, lo que comenzó como una aventura emprendedora en el sector de la moda, puesta en marcha por un marido amante de los negocios y por una esposa estilista, se convirtió en breve, en un verdadero imperio construido paso a paso a través de la adquisición en Italia y Europa de pequeñas y medianas empresas. Tanto así, que la prensa internacional, sobre todo en los últimos meses, es decir, desde que Burani Design holding fue declarada en quiebra y Mariella Burani Fashion group se declaró en estado de insolvencia, ha sacado a la luz la empresa de Reggio Emilia. La Web americana Wwd.com titula, “Adminstrators Appointed at Burani”, la londinese Drapersonline.com escribe, “Mariella Burani to file for bankruptcy protection “, la francesa Les Echos sentencia, “Le groupe italien Mariella Burani va être liquidé”. Una atención más que justificada. Solo en 2007 la empresa registraba unos beneficios consolidados de cerca de 700 millones de euros, algo que parece distar del estilo sobrio de la familia Burani, reacia a tomar parte en eventos de moda salvo en aquellos estrechamente relacionados con los desfiles y las inauguraciones de las grandes superficies de las marcas del mundo MBFG.
De vuelta a las adquisiciones, Mila Shön y Dimensione Moda surgen en 1999 y la marca de punto de lujo, Gabriella Frattini, en el 2000. En 2001 nace Antichi Pellettieri de quien forman parte las las marcas recién adquiridas: Baldini, Mario Cerutti, Enrico Mandelli y Mafra. Al año siguiente, la familia Burani se “regaló” a GFM Industria spa a quien pertenece la marca Ter et Bantine y el 50% de la sociedad alemana Renè Lezard mode Gmbh. El 2006 fue uno de los años más dinámicos: a través de Antichi Pellettieri se adquirió el control del 51% de Coccinelle, el 51% de Facco, el 52% de Rosato y el 60% de Valente Gioiellieri. El 7 de julio de 2006, Antichi Pellettieri entra en la Bolsa (MBFG ya cotizaba desde el 2001). En 2007, por medio de la marca Braccialini se adquirió el 100% de Dadorosa, licenciatario mundial de la firma Gherardini. En 2008 recibió a Finduck srl, a quien pertenece la famosa marca Mandarina Duck.
En resumen, era lo que los psicólogos definirían, sin duda, como compras complusivas y de lujo. Pero, ¿dónde encontraba el dinero la familia Burani que, en otro tiempo, concretamente en 1989, enroló en la empresa hasta a sus dos hijos Giovanni y Andrea? Se lo prestaba el banco. Fue por ello que, año tras año, las deudas llegaron a superar los 500 millones de euros. Para ser exactos, el 30 de septiembre de 2009, la deuda financiera neta agregada de las cuatro sociedades cotizadas rondaba los 633,1 millones. No es de extrañar que, entre los e-mail interceptados en el ordenador de la empresa por el juzgado de Milán, se hallaran además los siguientes: “La liquidez se ha acabado, no podemos proceder al pago de las facturas”, “¡Qué desastre!”.
Después de que la sección de quiebras de los juzgados de Reggio Emilia hubiera declarado el estado de insolvencia de Mariella Burani Fashion group y la sociedad quedara en administración extraordinaria, Francesco Ruscigno fue nombrado comisario. El comisario judicial dispone de 30 días para presentar un informe. Una vez presentado el informe, que debería llegar a mediados de abril, tendrá lugar una segunda audiencia en la que el Tribunal dará inicio formalmente a la administración extraordinaria.
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