
Hubo un día en que Ariadne Artiles pasó de «chica Abercrombie» (uno de sus primeros trabajos fue junto al fotógrafo Bruce Weber para la conocida firma americana) a «chica del colorín». La culpa no la tuvo ella, sino el amor, la boda, los asuntos del corazón y otras historias que la convirtieron en eso que ahora llaman «celebrity» y que a la larga sólo sirve para los pies de foto. Nos dice Ariadne que, menos mal, aquellos tiempos pasaron ya y ahora, «aunque siempre me he llevado muy bien con toda la Prensa, es cierto que vivo más tranquila que antes».
Quizá tenga que ver que la modelo canaria pisa poco por España, es más, si la pillamos aquí fue porque el viernes pasado se dio una vuelta por la Pasarela Cibeles enfundada en un diseño de José Castro para Cruzcampo Light. O sea, embutida en reciclaje a toda chapa y con un peso total que haría reventar la célebre báscula de Cibeles. Sin embargo, Ariadne no ha tenido que pasar por el trance de la masa corporal porque ella en la pasarela madrileña sólo está de paso, con la agenda repleta de trabajo y la vida entre aviones. Durante esta semana nos cuenta que tiene compromisos profesionales en Europa, pero después, tras una rápida escala en Miami, regresará a Nueva York, donde vive desde hace tiempo y donde, reconoce, «no imaginaba que tendría tantos contratos». Campañas internacionales para L’Oreal, Wella y Garnier se suman a reportajes en «Elle», «Vogue» y demás biblias de la moda que han apostado por esta canaria de 28 años y 1,75 metros de estatura, melena rotunda y uno de los rostros más perfectos del pluscuamperfecto panorama de las «tops».
Entre tanto dar la lata, la de cerveza sobre todo, acabamos hablando de Manhattan, del frío que hace allí y de lo divertido que es vivir en la capital del mundo, incluso cuando eres modelo y se supone que tienes vetadas las hamburguesas. Porque confiesa Ariadne que entre semana ni las prueba, pero algún capricho que otro se da cuando llega el sábado: «Me gusta más el arroz a la cubana, ja, ja, ja, pero también me encanta una buena súper hamburguesa...». Relamiéndonos con el recuerdo, le proponemos un lugar donde las preparan como pocos: Peter Luger Steak House, en Brooklyn. Y sí, lo conoce. Con lo cual, desmontamos el mito de los sacrificios de la carne a los que dicen que se someten las modelos. Ella no.
Y el futuro, ¿qué? Fácil: Ariadne se imagina rodeada de hijos y nietos, con una familia descomunal y sin noticias de Nueva York. Porque, como dice entre risas, «España es mucha España». Y ella también es mucho, sin duda
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